Siempre gastaba en cigarrillos y caña, el dinero que ganaba. Cuando entendí lo caro que Cristo pagó por mi vida, empecé a llorar y fui al arroyo para tirar mi cajetilla de cigarrillos y la botellita de caña.  Ahora tengo una sonrisa en el rostro, soy feliz y ya no tengo escasez.

Sixto Adorno Paniagua

"El ABUELO"